martes, 4 de enero de 2011

DERRAME DE LA INCONSCIENCIA...IMPOSIBLE SABERLO

Imposible contar, describir esta ilusión húmeda y perdida en le rincón, las palabras son meras espectadoras en mi lengua absorta de sensaciones, Es imposible contarlo, pues mi boca no recuerda las palabras que sangran de mi pecho, o mejor dicho, no quiere hacerlo, desea olvidar estos alaridos inhumanos que solo mi lápiz tiene el valor de reproducir; estos gritos vacíos que me hablan acerca de un corazón solitario, y de su espíritu roto en las alas, estos gritos que saben que no es tristeza lo que baila en la carne, sino una ingrata y roja sensación, ardiente y fugaz como las estrellas, retorcida y frenética, algo olvidadiza quizás...Imposible decirlo, decir un tabú en los oídos de la muerta sociedad de maquinas pensantes, sociedad de miradas indagantes y acusadoras, de sentimientos altaneros y despectivos; ellos jamás sabrían lo que se siente cargar esta cruz de hierro, no sabe cuanto duele este ardor en el cuerpo, la angustia de estar encadenado a un destino que obliga a perpetuar una y mil veces el mismo crimen, no saben lo fuerte que puede gritar en la cabeza. Imposible narrarlo, imposible describir con mi labios a estos gusanos que devoran la conciencia y la casta razón, este placer por las lagrimas del corazón o estas ansias de olvidar a respirar...Soy un tonto, un tonto por creer en la respiración del viento, por creer en las promesas de la noche, por no cuidar de la luna o por no escuchar el amanecer de las cosas. Imposible creerla, imposible contenerla, esta sed tan exclusiva, esta pasión por mirar los ojos de las habitaciones silenciosas, esa insana gana de gritar al mundo esta soledad y odio que cargo en mi espalda, cual imitador de atlas, a quien el mundo le dio la espalda sin remordimiento alguno, remordimiento que en mi cabeza es solo el eco de un recuerdo triste y abismante...dime...¿acaso tu puedes decírmelo?...dime...tu también lo sabes, tu también lo sientes, déjame ayudarte, déjame sentir junto a ti, y abruma la soledad de este par de corazones sedientos...solo dímelo, deja que la luz se apague por siempre en mi sueño y asesina este deja vu constante...libérame...

BIG BANG

Todo comienza con un estruendo, un sonido ensordecedor y escalofriante, capaz de callar las ventanas de la noche, silenciándolo de sus lunas, y dando pasó a la sed de sangre de sus estrellas ansiosas de sentir y cortejar a su luna ya ausente, todo bajo el hermoso marco de sabores carmesí, que a pesar de todo, están ocultos tras la cortina de estas sensaciones, tan impulsivas e instintivas, que quizás pareciese una involución emocional de mis fantasías y sueños, sin embargo, y a pesar de todo, aun avanzo, asediado por esta lluvia de preguntas sin respuesta evidentes, a través de estas palabras ciegas y afiladas que perforan mi cabeza, a pesar de que la noche cae, y no tengo el abrigo de un “quisiera que estuvieras aquí”, solo un temblor constante que recorre mi espalda, y una apestosa sensación de temor a la oscuridad latente frente a mis ojos, pero no importa, aun avanzo…hasta que un voz me pregunta “¿hacia donde vas?” Entonces el frío se apoderó de mi, me detuve y pensé “es verdad, ¿hacia donde voy?” no tenía rumbo, mirase por donde mirase todo era exactamente igual, no sabía donde estaba, no sabía hacia donde ni de donde venía, no había nada. Caí entonces de rodillas al suelo, y la lluvia se detuvo para concentrarse en mis ojos, miré hacia este cielo enlutado por la muerte de su luna, y grité, grité tan fuerte como pude, y solo recibí la ventisca de mi eco soberbio y burlesco, solo recibí un sonido ensordecedor, un estruendo brutal y desgarrador…ese estruendo que da comienzo a todo…ese que da paso a la agonía

jueves, 11 de noviembre de 2010

LA HABITACIÓN

Extasiado por el nerviosismo, me acerco a la primera puerta, maltrecha, casi destrozada, con un olor nauseabundo a lágrimas putrefactas. Contiene un gravado hecho con uñas humanas (los restos de carne en el portal así me lo indicaban):
“Soy la ira de S.E. Su fuerza, su ceguera, su alma, su salida, su fin, su valor, su esencia, su dolor, su cruz, su pena, su sufrimiento.”
Impulsado y abofeteado por la curiosidad, giré hacia otra de las murallas del cuarto, apreciando así una segunda puerta, construida con retazos de cadáveres humanos descompuestos. Ésta también poseía un gravado, parecía hecho con una daga:
“Soy el sadismo de R.G. Soy su arma, su frialdad, su calor y furor, soy la sonrisa que todos aborrecen, su incombustionada felicidad, su goce incomprendido.”
Inmerso en mi terror, centré la mirada en una puerta de hielo recubierta de miel, el gravado de ésta parecía haber sido hecha por un niño, un niño que escribía con impaciencia para relamer sus dulces dedos, o para no perderlos:
“Soy la sed de venganza de I.O. Su motor, su inicio, su primera impresión, su última respuesta, su bipolar placer, su risueño llanto, en fin, soy su…”

Cuando por un instante volteé para ver como sería la última puerta, un tétrico escalofrió me paralizó por completo, pues no existía ninguna puerta, solo un sutil escrito:
“Soy S.E.R.G.I.O. Y tengo miedo. . .”

MUERTE

En la soledad del frío pavimento, recuerdo aquellos días que muchos llamarían gloriosos, cuando te sentía a mi lado, era todo miel sobre hojuelas, solo alegrías y un éxtasis demencial que penetraba asta lo mas profundo de mi alma…pero sin darme cuenta, la perdida azotó mi mente, como el tiempo al mas impaciente enamorado, acertijos perforantes y oxidados interrumpen la tranquilidad de mis emociones, junto con mil recuerdos que comienzan a materializarse, creando mi prisión imaginaria de papeles dibujados con mil te quiero. Ya borrosos y lejanos, los ángeles pierden sus alas cristalinas llenas de ilusiones y proyecciones, un Apocalipsis se encierra y compacta en mi pecho, caigo y caigo en el abismo, y siento como la verdad emerge de las mentiras, así como un fénix de sus cenizas…cuando al fin dejo de caer, extiendo mis manos, una y otra vez extiendo mis manos, y no encuentro las suyas, las extiendo y las extiendo, mas camino y no las encuentro, caigo en desesperación, siento que no avanzo…me detengo y a lo lejos logro escuchar un susurro, me dice “ camina” y camino, “detente” y me detengo, “muere”…y sigo detenido en plena oscuridad, consumido por siempre en la oscuridad…la fría y eterna oscuridad de aquel sucio y maloliente pavimento de las calles de la pequeña ciudad. . .

EL MUCHACHO Y EL CARNAVALESCO ESCENARIO

Un temblor repentino y estremecedor fue su bienvenida a la mañana de aquel día, un temor común se apoderó de su cuerpo, pero la muchacha le susurra que no hay nada que temer…en efecto, nada había que temer, solo era el carnavalesco desfile que anunciaba la llegada del circo al pueblo, payasos y hombres gigantes eran motivo de orgullo para su dueño, y de alegría para los espectadores. Una lluvia de colores y vivacidad azotó al pequeño poblado, y el muchacho no podía estar ausente; miraba de forma impaciente como la caravana de luces e ilusiones se acercaba rauda a la ciudad, lograba distinguir payasos y hombres en zancos, manipuladores de fuegos y tragadores de espadas, mujeres elásticas y barbudas. El pueblo completo salió a recibirlos, desde los más pequeños y alegres, hasta los más ancianos y amargados, nadie quería perderse aquel festín que significaba el arribo de la carnavalesca compañía. El muchacho sentía la adrenalina como perforaba en sus poros, y como las luces invadieron sus pupilas para cegarlo por unos instantes en un ambiente de fantasías y cuentos, los colores se mezclaban con la alegre música, su paladar se deleitaba con la dulce alegría masificada y colectiva del lugar, lograba sentir que el tiempo se detenía ante este espectáculo que sacaba lo mejor de las personas, todo era extraordinario, encerrado en esa vorágine de lentejuelas y carcajadas que mantenían sus sentidos en un estado de éxtasis vertiginoso y sublime... pero entonces se daba cuenta que el tiempo se detenía por la frialdad de aquellas 4 paredes que lo restringían del mundo, se detenía por la soledad de aquella cama de blancas sabanas, se detenía por la voz raspada y acabada de la enfermera que le decía con sonrisa sínica que era hora de visitar “la maquina”, se detenía por la resequedad de sus lagrimas ya inconcientes, se detenía por la debilidad de su inconstante cuerpo y su cabello ausente…

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